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MUSARAÑAS

23 Dic

libelulas 4

Un rosario de misterios y decepciones. Eso es la vida. Yo en lo de los misterios ya ni me paro, vamos, que se me aparece uno, hago como que tropiezo, miro para otro lado y pienso: ¡qué te den!. Pero las decepciones me desangran viva. Con la última, que no voy a relatar, lo decidí : una más y me quedo en la cama quince o veinte día seguidos. Y paso de todo: De las migraciones de los estorninos, de las ampollas de Germinal que me hacen parecer veinticinco minutos más joven y de los días impares. Así de claro.

En fin a lo que iba. Que si he de ser purista, es el momento de pasarme medio mes en la piltra sin pestañear o dándole a la pestaña, según, porque dos semanas sin hincarla dan para mucho. Verán: Ayer al punto de la mañana, con un «ciercera» de no te menees, sin sospecha ni señal, va y me entero de que las musarañas son unos animalillos insectívoros, cortos de vista, parecidos a los topos. ¡Jesús! qué vulgaridad, no lo puedo creer.  Yo que siempre las imaginé como una especie libélulas diminutas y delicadas, ondeando en un espacio de velos etéreos. Menos mal que halle una gota de consuelo cuando supe que Covarrubias en su Tesoro de lengua castellana dice que “llamamos musarañas a unas nubecillas que flotan en el aire.” bueno, no está mal, pero lo de los topos no sé cómo lo voy a llevar. También Quevedo en su Cuento de Cuentos habla de contemplar la musarañas y de personas que se distraen en cosas de poco valor. Sin querer corregir al Gran Quevedo yo matizaría, personas que se distraen en cosas de poco interés. Esa soy yo. Cualquier lugar y cualquier momento me parecen magníficos para suspender la terea más provechosa. La abandono en menos de lo que dura un amén. Disimulo, planeo como quien va a por uvas, y me cuelgo durante horas de ese universo que siempre imaginé territorio de filósofos y pensadores de medio pelo. Las musarañas. No se me desgarran las vestiduras, si reconozco que son mi fidelidad inquebrantable, mi vicio más barato, mi adicción predilecta. Si yo no voy, ellas vienen. Si no las llamo ellas me reclaman. Y allí , a la pámpana rota, permanezco horas eternas pasando del tiempo. Paso de él a lo ancho , a lo largo y de «cruzao» . Porque no me gustan sus hechuras de castigador nato, porque que se desliza sigiloso con un a mí plim que tira p´atrás y porque es mentira eso de que todo lo arregla. Bien lo sé yo, que giro la vista y allá por donde ha pasado está todo perdido y hecho unos zorros. De modo que, cuando me da por rumiar la realidad, que a veces, se me atraganta hasta casi ahogarme, pido que me rescaten mis musarañas, no las parecidas a los topos, sino esas de las que habla Covarrubias, me lío con ellas, comenzamos nuestro particular baile y me columpio en la cuerda de todos los relojes del mundo.