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LOS ALMENDROS FLORECERÁN EN PRIMAVERA

3 Ene
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Cualquier político puede llegar a manifestar con tono solemne que es un verso suelto, que ya  han florecido los almendros o que mañana  lloverán toneladas de piedra  sobre nuestras cabezas. Si yo fuera capaz de decir eso sin inmutarme, seguro que saldría en los telediarios, hablarían de mí  en los papeles y hasta igual llegaba a ministra, sino a ministra por lo menos a alcaldesa de mi pueblo; pero no soy capaz,  ni  me sobrevienen a la cabeza ese tipo de ideas, ni en el lugar ni en el momento oportuno. Que digo, que si me han salido para escribirlas aquí, también podrían ocurrírseme para sacarles algo de  rendimiento, pero nada, que no soy avispada para pelear en este mundo. Además que me pasa algo  insólito y verdadero, que no lo cuento por contar, que es la pura verdad. Resulta  que cada vez que oigo o veo a un político, la cara y el cuello se me llena de granos y rojeces,”que me pica que me enciende”-  así es como lo dicen en pueblo de mi tía Tomasa-   Me arde de tal manera que a veces pienso que voy a convertirme en un cirio o una antorcha, dependiendo de la intensidad de la quemazón.

Hoy mismo, veintinueve de diciembre, mientras tomaba mi café mañanero, fiel a lo que está resultando ser una costumbre de fatales consecuencias, cojo el periódico con la cándida intención de echar un vistazo al mundo y he tenido que soltarlo, tal cual, como si hubiera tocado una brasa. El gesto  ha sido tan vigoroso y  fuera de control, que han volado por los aires el sombrero y las gafas de un señor junto con el café de su acompañante. A pesar de mis disculpas he podido observar que la gente me miraba con cierto reparo. Y es que allí, en primera página,  en la portada del diario veo el sueldo de reyes, presidentes y  ministros… y justo, debajo, en un recuadro pequeñito, la CSMI (congelación del salario mínimo interprefosinal) ¡Ay, Dios!  Que me lleno de sarpullido y echo a perder el planazo que tengo para esta  Noche Vieja. Y eso sí que no, que nadie se conoce como una misma, y sé que si me sumerjo con detalle en la lectura  corro el riesgo de pasarme la noche en urgencias teniendo que oír que seguramente alguna comida  me ha  producido ese tipo de reacción, y yo  sin poder señalar  de donde me vienen esos ataques eritamatosos.

Ahora que lo pienso, me pregunto cómo se me ha ocurrido contar semejantes intimidades,  pues  por razones obvias  no quería  tocar la política, ni los políticos, ni opinar, ni enjuiciar, ni dedicarles un solo minuto, pero ya puesta digo que sé de personas que de verdad son versos sueltos, desajustados, desprendidos, desubicados, desahuciados y sin rima posible. En cuanto a la tormenta  de piedras,  todo podría suceder. El director británico Ken Loach ya  habló de ese fenómeno en su magnífica película “LLoviendo piedras”.   Así pues,  visto lo visto,  yo sólo quiero  alimentar  la esperanza de que los almendros florezcan en primavera.