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POR VOSOTROS

14 Nov

Un poderoso jinete, no deja sin premio una buena galopada.

 

Llevo dos semanas, discutiendo conmigo misma dale que te pego con un asunto que me persigue sin cesar. Ahí, día sí y día también, machacando, como un pájaro carpintero. He de decir que si me resisto a encararlo, es porque sospecho que el tema podría desencadenar algún ataque eritematoso y ponerme perdida de sarpullido. No sé qué hacer, pero sino quiero perder el poco juicio que me queda he de hallar la forma de silenciar ese alborotado gallinero que se ha instalado en mi cabeza. Así pues, hoy he resuelto tomar el rábano por las hojas, o como se diga, y aunque no confío mucho en los santos entre otras cosas porque casi siempre andan a lo  suyo haciendo como que no se enteran, he decidido arriesgarme, y aquí estoy, invocando a San Fabián y San Sebastián. Teniendo en cuenta que son los patronos de mi pueblo, espero que me protejan y no me dejen en la estacada peleando con  alguna rabiosa urticaria.

El tema no es otro que un comentario  que hizo en la «tele» una tal Mariló Montero. Yo no lo vi, pero me lo contaron. La pobre, por lo visto andaba desde hace tiempo en un sin vivir con el tema de los trasplantes, y al final,  se ve que ya no podía más y lo soltó. Al parecer, aquella mañana especulaba la presentadora acerca de un  asesino y la posibilidad de que donara sus órganos, y dijo: “No está científicamente demostrado que el alma no se transmita en un órgano trasplantado”. He ahí una mujer valiente señalando un gran enigma . Mira tú, me dije a mí misma ,qué profundidad de pensamiento, qué gran reflexión filosófica, qué sabiduría. Medio muda me has  dejado con ese planteamiento, Mariló,  y yo que estaba convencida de que eras un poco jauta, como tirando a boba. Sin pizca de rencor te lo digo, hasta que punto te percibía al bies que hace unos meses me pasó una cosa que  no entendí, pero que achaque a la cabeza, que la tengo regular: Resulta que debía de andar medio dormida y de repente me quede fija, fija mirando la tele, una especie de enajenación me dominó y sin poder hacer nada por remediarlo, me pareció verte por el plató, de un lado a otro con un cartelón justo encima de las tetas, con perdón, en el que  podía leerse: “miren, miren que buena estoy y que tipo tengo”. Fíjate qué cosas pueden  pasar por una cabeza algo averiada.

Mariló, hija de mi alma y de mi corazón, tu exposición fue muy interesante, pero por tu bien te lo digo, no se puede vivir así, tan  atormentada, con deliberaciones de semejante calado  lo único que conseguirás es amargarte la existencia. No, querida, no, una mujer como tú, una jaca de tu altura no merece ser habitada por incertidumbres tan severas  y tan negros pensamientos, con amor lo manifiesto, no es bueno penetrar de esa manera en asuntos de la ciencia ni de la vida, los pensamientos de han de ser ligeros, ligeros como el aire, que no pesen. Mira, yo misma, era también  aficionadilla a barrenarme los sesos alguna vez, pocas, pero alguna sí,  con el tiempo me he  desengañado, porque lo único que arrastraba eran malos ratos, un día me planté y dije: esto  se va a acabar, igual que lo de frotar, y así fue. Veras cómo conseguí ser una mujer sencilla, y sin  complicaciones: Una tarde, me di una vuelta por una sala de tratamiento de enfermos renales, y desde entonces no soy la misma,  entre siendo una y salí que no me reconocía ni Dios. En mi caso al no ser  grave, pues mi seriedad igual que viene se va, se pierde, se cuelga por las ramas y hace lo que le da la gana, se solucionó con una sencilla visita, pero tú, que por lo visto eres de reflexiones tozudas y de gran trascendencia deberías  probar, no te cortes, es muy simple: pasas por allí, y que te enchufen un par de sesiones, cuatro horas de hemodiálisis, seguro que sales nueva, si dos sesiones ves que se quedan cortas puedes repetir a la semana siguiente. Y no tengas más  dudas, aleja de ti esas cavilaciones y angustias de que si el alma va en un trozo de piel, en unas pocas células de médula,  en un pedazo de hígado, en una córnea, en un corazón, en riñón  o en hueso . Para qué seguir, si ahora se trasplanta casi todo. Y el alma … si acaba repartida a cachos, qué le vamos hacer. No sufras cielo mío, unas cuantas sesiones de hemodiálisis y veras los resultados. Y no te preocupes, bonita, que lo que pierdas en hondura lo ganaras en sosiego y tranquilidad. Sal de esas profundidades en las que andas metida. Tú sigue paseando por el plató, alegrando las mañanas y no olvides el cartelón, sí, aquel que dice: “Miren, miren que buena estoy y que tipo tengo”.