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CIERZO QUE NO CESA

12 Mar

Bien sabe la Virgen del Parlatorio que en la mayoría de las ocasiones hablo de lo que no quiero hablar y digo lo que no quiero decir. Y esta vez no iba a ser distinto. Una no cambia  así como así.

El Cierzo me tiene hasta el rabo de la boina. Ya esta dicho. No aguanto más, estoy enfurecida y a veces creo que voy a volverme loca. Sopla sin piedad, ni descanso desde el pasado mes de Agosto.  Habrá quien lo niegue, y piense que exagero, pero es que  no me cabe la menor duda, porque justo,  el día ocho me puse la permanente. Recuerdo con  claridad  cuando camino de  casa me encontré con mi amigo Manuel, el de los malabares, y no me reconoció. Yo, únicamente era un montón de greñas tapando mi  cara. Cuando le saludé me dijo: ¡Uy! creí que eras un escobizo andante. Estuve por volver a la peluquería y decirle a Gustavo que me rapara la cabeza al cero. Un elemento menos  con el que cebarse el maldito viendo.

La semana pasada, ya  fue lo más de lo más,  la gota  que colmó  el  vaso de mi desesperación, que lo de la gota… es un decir, porque aquí  no cae ni una desde aquello que cuentan del Diluvio. Si  estará  poco familiarizada esta tierra con la lluvia,  que   pides un paraguas, y  piensan que es un animal de compañía. Que somos como somos, porque los dioses no nos bendicen con sutilezas, sólo el viento que todo lo azota y sol que todo lo abrasa. http://youtu.be/qgOVPEVGtMo

Pues eso, a lo que iba, que me pierdo yo sola:  el jueves,  al salir  de yoga,  relajada, con los chakras en su sitio, las energías en equilibrio,  el cuerpo en armonía con el universo, acunándome en mi nirvana,  flotando, ligera igual que una pluma,  de repente  una  ráfaga de viento huracanado me empujó sin ningún miramiento,  y me lanzó dentro de un socavón de cinco metros de profundidad, la zona está llena de vallas, zanjas, alambradas, y pivotes. Ya me he descalabrado todos los huesos, pensé, pero no,  caí de pie,  como los gatos. Aturdida  trate  de  asumir aquel ridículo, no sé ni cómo  aguante el tipo, trágica y cómica me sentí, tanto que llegué a pensar que hasta  la Diosa de la comedia, si hubiera estado atenta,   se habría puesto a llorar .

 Todos sabemos,   que nadie va a perderse la ocasión de fisgonear ante un acontecimiento  tan inusitado,  así que los que estaban allí,  más los que fueron llegando se peleaban por disfrutar del espectáculo en primera línea. Unos y otros olvidaron hacia dónde se dirigían,  y pasaron a discutir sus mejores ideas acerca de cómo sacarme de aquel agujero. No tenían prisa.  Juro que deseaba que me dejaran en paz. No soportaba tanta palabrería y tantas ideas, como serpentinas,  colgando.

Así pues,  decidí aprovechar el tiempo,  olvidar a los mirones,  y mientras esperaba  me propuse  retejer la armonía y la serenidad, tan necesarias para mi y que en ese instante las  tenía hechas jirones: Comencé  con pranayama,  seguí con el saludo al sol, la cobra,  y otras posturas que sobre la marcha fui improvisando,  para acabar en posición de loto entonando el Ommmmmmmmm. Cuando llegaron los bomberos estaba completamente dormida, ajena a todo lo que me rodeaba, me despertaron,  extendieron una escalera articulada  y  comencé a subir con desgana, porque al menos abajo no llegaban los sonidos del Apocalipsis y además estaba  al abrigo  de Cierzo.

La decisión de Matilde

9 May

jeannehbuternelamujerdeol9

Dicen que lo mas importante en la vida es tomar decisiones. Matilde de pronto comenzó  a darle vueltas y vueltas al rollo de la maternidad, yo no sé si por instinto, por tener algo en que pensar o porque sí. La idea tozuda y machacona no cesó de   barrenarle la cabeza, la pobre  ya no sabía ni donde sujetar el más pequeño pensamiento, y tanto le daba si era lunes, como martes o si el aire soplaba de  cierzo o solano.

A punto de sonar la última campanada en su reloj biológico, el tiempo se le venía encima como un depredador implacable y silencioso. Y así, golpeada por el tiempo tomó la decisión.

Me lo contó una tarde de lluvia bajo los soportales  del paseo. Me dijo que ya no podía olvidar, que esa idea ocupaba toda su existencia y abandonarla era como abandonar la vida. Yo no supe que contestar, sé de mi  esfuerzo  por hallar una palabra  de ánimo y complicidad, y  lo único que se me ocurrió fue decir: «Y la criatura. ¿Has pensado en la criatura? Que no lo digo por deshacer la  decisión, no, sino porque luego puede llegar el arrepentimiento y los reproches de ese ser huérfano de padre ya desde la cuna, y el sobresalto del encuentro con este mundo  tan revirado, tan desmañado y tan falso». Matilde, me miró con una mirada medio  perdida, desviada hacia sabe Dios dónde,  y me dijo: «Anda no me líes, no me líes, que eres una líanta»,  y sin más ni más, se detuvo,  allí,  justo enfrente del Caracol,  con toda su fuerza, imitando la voz de Luz Casal comenzó a entonar «Negra Sombra» de Rosalía. https:https://www.youtube.com/watch?v=53_-2CN9v8Y Esta se ha vuelto loca, pensé.  Casi me muero de vergüenza . La gente se paraba, nos hicieron corro, y  hasta llegue a escuchar entre murmullos que decían «no las ves, que son un par de  desequilibradas» y yo ,»venga Matilde vámonos» y ella nada, que seguía y seguía y  hasta que no terminó yo allí aguantando el  temporal…Lo recuerdo  como si fuese ayer y han pasado trece años. Los que tiene Sonia, la hija de Matilde.