Archivo | marzo, 2016

EL BANQUETE

15 Mar

Monólogo final de la película «Dublineses», último filme – 1987- de John Huston, basado en el relato «Los muertos», de James Joyce.

Escalofriante por lo hermoso. Cautivada, convencida del poder sanador de lo sublime, lo veo una y otra vez y no me canso de recrearme en las imágenes, en las palabras, en esa mirada nostálgica al hilo conductor de la existencia con su cúmulo de sensaciones, que a veces no logramos dominar. El protagonista habla, en el límite del dolor, de las cosas más extremas y turbadoras que le pueden ocurrir el cuerpo y al alma, provocando inquietudes que ahondan en el pasado, el presente y el futuro, en un corazón devastado por el asalto de las emociones.

Un banquete para los sentidos.

8 DE MARZO

8 Mar

No permitiremos que nos roben la risa.

Copiao y recopiao y que rule por el Mundo.

«Porque nos obligaron.

Porque, desde pequeñas, nos pusieron coronas, vestidos de tul, ropa que no nos dejaba jugar, porque no la podíamos manchar. Nos dijeron “qué niña más guapa” tantas veces, que nos creímos que era lo que importaba. Y nos chutaron dosis diarias de príncipe azul, y así nos hicimos yonquis del amor, y aprendimos a necesitarlo para vivir.

Las princesas son guapas, están asustadas y se enamoran del primero que las encandila. Y del segundo, y del tercero. Y esperan, encerradas en su torre, sin hacer nada para escapar de ella. Y nosotras aprendimos a ser como ellas. Aprendimos a obligarnos a ser guapas, que significa fracasar eternamente en intentar parecerles guapas a los demás.

Aprendimos a esperar a que el príncipe azul nos solucionara la vida, que significa construir nuestra existencia en torno a la idea de conseguir y mantener una pareja, y  sólo así sentirnos completas. Aprendimos que estas dos cosas eran una pelea, que significa sentirnos amenazadas por todas las mujeres que nos rodean, no vaya a ser que sean más guapas, o que su torre le pille al príncipe más cerca. Aprendimos a querernos poco, y sólo a costa de lo que nos quisieran otros.

Quedaos con mis vestidos de tul, mi príncipe azul, mi espejo y mi corona. Quedaos con mis complejos, mis miedos, mis vacíos y mis celos. Quedaos con todo eso que me habéis impuesto, que no lo quiero.

Porque necesito sitio para las botas, los libros, los cuchillos, los vasos y los ceniceros. Para los bolis, las fotos, los bocadillos y mis cuentos. Para los condones, la bici, los pinceles y los baberos. Para las cazuelas, los periódicos, el martillo, los clavos y los ligueros. Para bailar, correr, descansar y tirarme en la hierba a ver pasar el cielo. Para mis sueños, mis desastres y mis deseos. Para fracasar y empezar otra vez con mis proyectos. Para mis amigas, mis ligues, mis mujeres admiradas y mis no quieros. Para mi vida, al margen de lo que me aprendieron.

Quedaos con mi reino. Que a mí me hace falta sitio para el mundo entero.»