Archivo | agosto, 2013

LA MUJER DEL ESCAPULARIO

1 Ago

Escucha a la penitente
de tu santa romería.
Abre tu rosa en mi carne
aunque tenga mil espinas
YERMA: Federico García Lorca

Llorando junto a la cuna
me dan las claras del día,
mi niño no tiene pare
que pena la suerte mía
Quintero León y Quiroga

No me duelen prendas reconocerlo. Huyendo de truenos, rayos y centellas, estoy pasando el verano debajo de la escalera. Y tan feliz, tanto, que tal como soy miedo me da hacerme adicta al hueco de cualquier gradería Ya pueden caer chuzos, arpones y escarpias de punta que ni me entero.

A eso las cinco o las seis de la tarde, una vez que se forman los nubarrones, allá, por el pantano de Moneva, me falta el tiempo para correr a mi guarida como una desjuiciada y allí que me estaciono hasta que amaina el temporal, solo que el otro día, cometí la torpeza de llevarme la radio, y mira tú, que me calzo los cascos y escucho a la Sr. Mato que sin un titubeo, ni un carraspeo ni un aquí me atranco, dejó bien claro lo siguiente:” Las mujeres con problemas de fertilidad podrán someterse a tratamiento de reproducción asistida dentro de Sistema Nacional de Salud o sea en la SS. Quedaran excluidas lesbianas y mujeres con falta de varón”. Es decir: hembras sin macho. Menos mal que estaba sola y me ahorré las explicaciones, porque empecé a hiperventilar de tal manera que por poco me ahogo. Menudo hachazo. Si es que ni escondida en un bunker te libras de que te parta un rayo.

No soy una histérica, ¡eh! lo digo porque a las mujeres en menos de lo que dura un parpadeo nos cuelgan el sambenito. Que alguna de la hermandad aún se atreverá a insinuar que no es para tanto. Será porque no le pasa lo que a mí. O a otras, algo ligeras de cascos, eso sí, que no tienen reparos en estar abiertas al mundo mundial: amantes, novios, asuntos, asuntillos y hasta un aquí te pillo aquí te mato. Eso no lo voy a negar.

Verán, aunque no es mi costumbre voy a confiarles un secreto que guardo celosamente como cáliz en sagrario: Desde hace dos años, más o menos, ando liada, enrollada, o como se quiera llamar con un tío. Un tío casado, con hijos y con un matrimonio desgraciado. El pobre. Cuidado, no comiencen a sacar conclusiones, que no voy a permitir que piensen que soy una lagarta, una fresca, o una como las que he nombrado más arriba. De eso nada, pero a ver, quien es la guapa que se resiste a un maromo que está como un pan recién horneado, abatido y maltratado por una vida de pareja que es un infierno.

Visto y hecho, sin más ni más me envolví la cabeza con una manta, y me dije: al fin, el cielo o quien sea me bendice ofreciéndome a estas alturas del cuento la ocasión de cumplir el sueño de toda mujer, mujer, o hembra, hembra según se quiera denominar. Dejé remilgos y remordimientos para otra ocasión porque el arroz, el marmitako y otros guisos que no me da la gana airear ya se me estaban pasando, y nos pusimos a la faena, al principio con entusiasmo desaforado, y ahora pasado el tiempo, lo dejaré en entusiasmo a secas, pero de embarazo nada de nada. Después de dos años de práctica sin fruto ninguno, justo en el momento de la noticia, estudiaba la posibilidad de de recurrir a la reproducción asistida y mira por donde llega la mujer del escapulario, la llamo así por la imagen tan repetida junto a Bárcenas, y se deja caer con semejante dislate. Yo creo que a la Señora Ministra le pasa lo que a una servidora, que se deja llevar y dice lo que no quiere decir. Porque no me negaran, que en algunos aspectos se esta cargando la tradición. Vamos, que ya no vele ir a contarle al cura los pecados, sino que ahora hay que enumerarlos ente la Seguridad Social. Convencida estoy de que si lo medita concienzudamente, incluso pensando en sí misma rectificará. Ella, precisamente ella, no puede abolir de un plumazo el poder de perdón atribuido desde siempre al sacramento de la confesión
No lo he comentado con nadie, pero que se me caiga la peana de San Andrés que tengo en la repisa del salón, si esta mujer no ha ido al iglesia , se ha arrodillado y ha referido al párroco del barrio todos esos pecados que le gente insolente, envidiosa, y malpensada se empeña en atribuirle. Lo ha hecho, seguro, por eso se le ve tranquila, en paz, y por qué no señalar, un poco “sonsa”. De manera que como soy algo puntillosa, y a mucha honra, no puedo callar y digo: que si a ella, un suponer, le ha bastado un acto de contrición ante su capellán de confianza para saldar sus deudas con Dios y con los hombres, lo mismo debiera ser para las demás, eso, conjeturando que quieran perdones.

Pobres mujeres solas, que no son nada, ni pintan nada sin un hombre pegado al costillar, lo mismo da tuerto, gordo, feo, listo, tonto, vago, manco, guapo, limpio, sucio, bajo, alto… Es igual. Como sea. Pero un macho que les dé identidad, ilumine su vida y las avale para hacer uso de la ciencia y el progreso de lo público y social.

Imaginativa y memorable su idea Señora del Escapulario, siga por ése camino y alcanzaremos la Prehistoria.

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