Archivo | agosto, 2012

EL REFLEJO DE LA LUNA

1 Ago

Es mucho más alta de lo que parece sentada. Se apea del auto-bus, y sigo sus pasos, a donde me quiera llevar. Dueña del instante y de mi voluntad. Solos entre la multitud. Mis ojos quedan atrapados por un hilo invisible a un cuerpo desnudo: al arco de su espalda que se estrella en la cintura, a sus caderas casi adolescentes, sus piernas, sus brazos, su largo cuello, su forma de caminar… Es como un animal hermoso y magnífico que trota entre los peatones, los coches y la suciedad del asfalto; indiferente, a disposición de todas las miradas y por encima del misterio de las cosas. Ajena al deseo que despierta.

Avanzo invalidado, no soy yo, soy un hombre sin cabeza que camina tras un espejismo sin saber muy bien por qué. Tal vez, cansado del tedio que envuelve lo cotidiano, busco saciar mi urgente sed de algo nuevo, un espacio fuera del tiempo donde poder emborracharme de intensidad. Y la sigo por el túnel sin nombre en el que no cuentan los minutos, las horas ni los días.

No sabría precisar cuándo me hago consciente de que esa rara fascinación, esa magia sólo la alcanza aquello que sabemos fugaz e irrepetible, de que  su belleza ni le pertenece, ni nos pertenece. Extraña a mí, a mi vida y a mi historia, sacudo el hechizo, y retomo mi camino.

Sé, que su imagen quedará en mi memoria durante meses. Sólo desvaída por la luz de los días hasta casi el olvido, acabará inexorablemente rodando hasta un rincón, como una muñeca rota.