Archivo | diciembre, 2011

INSOMNIO

9 Dic

En las noches de insomnio los negros pensamientos siempre están al acecho dispuestos a colonizar nuestra mente.

Hace unos días traté de conjurarlos haciendo zapping con el díal del transistor y en  un programa de esos en que la gente habla,  cuenta sus penas  sin  ningún  pudor y lanza  al viento sus miserias, escuché a  un padre lamentarse  como él y su mujer se  sentían aislados, marginados y hasta mirados con cierta desconfianza por ser familia numerosa. Eran jóvenes, no más de veintisiete años, tenían ocho hijos y vivían en un piso de setenta y cinco metros  El trabajaba de guardia jurado, y la mujer, atendiendo a   semejante prole, supongo – tal vez supongo mal- que habrá momentos en los que  llegue a olvidar hasta de cómo se llama.

Pues bien, el hombre enseguida aclaro, por si acaso no fueran a colocarle un  sanbenito, San Benito de santo,  que se consideraban  una familia normal y que no era ningún problema semejante abundancia de chiquillos en el hogar. Todo lo contrario. ¡Alegría en  casa de los pobres!  Ellos solitos,  unos con otros se entretenían, y ya está.  Este señor, debía de comulgar con las ideas de mi  tía abuela  que decía  que es mejor tener muchos hijos porque ellos solos se dan  vida por ahí.

El comunicante manifestó   sentir que  su familia  era  observaba como si fueran extraterrestre. Su queja más explícita   fue los problemas que se encontraban   si querían alquilar un vivienda, pues según él  siempre eran mirados con recelo. No sé  si se refería a recelo por parte del propietario del piso o por los posibles vecinos. Hablando de vecinos y de niños. Mis vecinos, justo los que viven debajo tienen un solo niño de casi tres años  que día y noche llora, grita, patalea y hace ruido con los objetos más insospechados.  La madre limpia y saca las basuras de varios portales de la zona y el padre-como el radio-oyente-  también es guarda jurado.  En algunas ocasiones le he visto muy agobiado.  A veces, cuando viene de la compra entre los carritos, los paquetes y las bolsas que lleva colgando siempre pienso en el hombre orquesta, aunque yo para mis adentros le llamo el hombre percha.  Solo en la orejas podría enganchar algo más.  Tenemos buena  relación, y estoy por decirle que se ponga a la tarea de fabricar niños,  pues  seguramente viviría mejor  con seis o siete.  Entre ellos se  entretendrían y  del resto ya se encargaría la vida.