Archivo | marzo, 2011

Rulos en la cabeza

17 Mar

Hace unos días, que vivo sin vivir en mí, como diría la Santa. Estoy rota. Tenemos a mi suegra ingresada en el Servet con una crisis asmática. Ella prefiere que sea su hijo quien la acompañe. Yo encantada, porque detesto los hospitales. Así, que mientras mi marido cuida de su madre, yo atiendo la verdulería en el Mercado Central.

 Levantarse a las cinco  de la madrugada imprime carácter, me parece un detalle capaz de arruinar un día completo. Y para colmo el auto- bus, que unas veces me pregunto si echaré raíces en la parada y otras dudo entre colgarme de la rama de un árbol o ensayar una muñeíra. En fin, que para no dejarme llevar por el cabreo me pongo a pensar en mis cosas y sin querer me vino a la cabeza lo que me pasó hace dos e tres día. Tenía que recoger un vestido de la tintorería y de pronto me vi en la calle con mis zapatos de tacón, la bata y los rulos puestos. ¡Dios! pensé, estoy perdiendo el ore-mus. Corrí a casa y quiso la mala suerte que tropezase con la persona que menos esperaba. Mi vecina Laura. Laura vive sola es soltera y funcionaria. Ella no tiene idea de la curiosidad que despierta, y creo que es la mujer mas desconocida y envidiada de la escalera. La encontré en el ascensor-los ascensores son espacios difíciles para la conversación- pues bien, a mí no se me ocurrió otra cosa que decirle: que suerte la tuya, entras, sales sin dar explicaciones a  nadie y puedes hacer de tu capa lo que te de la gana. Me mira de arriba abajo y como quien te lanza un gato a la cara salta: supongo que tú no naciste casada. Me quede pegada a la baldosa. Si me pinchan no me sale sangre. Ahora pienso que igual tenía razón. En esto andaba yo cuando veo que llega el bus, como siempre lleno hasta los topes.

Pueden pasar meses y meses sin que pise el mercado. Las primeras horas son de una frenética actividad. Yo gracias a la ayuda de Alfredo José-un joven ecuatoriano que tiene contratado mi marido- pude organizar aquel caos de cajas, bolsas, coles y lechugas. Según avanzaba la mañana me fui relajando, y con tranquilidad observe el panorama, y me dije ¡madre mía!  cuántos sueños rotos hay aquí. Ganas me dieron de entonar aquello de Sabina «Quemaron todas las naves…https://www.youtube.com/watch?v=GJL8XUreAF0 Este era el cambio fundamental que vi.  Sólo por nosotros había pasado el tiempo.

Olvidado ya el madrugón y el bus, saludar a Mercedes ha sido una gran alegría; su puesto esta enfrente del de mi marido. Yo siempre le digo que tiene nombre de reina. Mercedes es poderosa como la Victoria de  Samotracia, y no escatima en amabilidad y simpatía. Tiene una clientela abundante y fiel.  Hoy final de mes la venta estaba un poco floja y de pronto con un tono pelín picaron la he oído gritar ¡vendo melones! y sin darme cuenta,  porque a mi esas cosas ni se me ocurren, respondo ¡y yo también!. Nos hemos reído a gusto las dos.

Mañana iré a ver a mi suegra.

PD. Ayer hable con Marina-así se llama la «prota» de estos ¿relatos?- Mira, le dije, creo que deberías aclarar el comentario que hiciste sobre la crisis de Libia, porque tanto para las personas que componen ese taller en el que estas metida o ante un improbable lector puede prestarse a una mala interpretación. No pienso, contesto. Si alguien no lo entiende peor para él . Sé que en cualquier lugar puede haber un campo minado.

Marina es mi amiga- y seré yo quien hable por ella-la conozco bien, seguramente no sabe donde va;  pero sí sabe donde NO va. Es posible que no sepa lo que quiere;  pero esta completamente segura de lo que NO quiere. así pues, si existe alguna duda o confusión acerca del mencionado comentario remito para su aclaración a un artículo de El País del día 9 de Marzo cuyo título es: APREMIANTE FIRMEZA.

el grito

8 Mar

Mi vida se debate entre un mar de dudas.  Por señalar alguna diré  que  por un lado me gustaría ser hortera y por otro pija, así que según me da el aire ejerzo de una cosa o de otra. Ser hortera me parece mucho mas divertido, y hoy sin ir mas lejos me he tirado a la calle pintada como una puerta ; le ha añadido a mi pelo rubio platino un mechón azul  y cual árbol de Navidad me he colgado todos los abalorios, brillos, brillantes y brillantinas que he encontrado. También me he puesto un vestido verde de hace años tan ajustado que apenas si puedo respirar . Y los zapatos… imposible olvidar los zapatos, tienen un tacón tan alto que será un milagro si no me rompo la cabeza con ellos. Y aunque mi edad y mi cuerpo no estan para esos arrebatos, he salido dispuesta a comerme todo aquello que se deje comer, y a que me miren. Que me miren todos, hasta las farolas me gustaría que me mirasen.

Pues bién, ya en la calle me he pasado por el   «Grito Negro»  yo le llamo «El Grito»; para mí es el mejor momento del día ,y espanto a todo aquel que se acerca a pegar la hebra o darme la vara: «que si mis hijos, que si mi suegra que si  mi cuñada». Yo voy al Grito a tomar café y ojear el periódico a ver si me entero un poco de lo que pasa por esos mundos que siento  lejanos. Hace unos días leí acerca del conflicto de Libia que EEUU se ofrecía para acudir en su ayuda. No sé, no sé. A mi me parece que los trapos sucios mejor se lavan en familia, porque cuanto más se chapotea en el fango más barro se arma. Hay quien dice que a río revuelto ganancía de pescadores y que el pueblo, pueblo  siempre sale trasquilado. Yo la verdad es que no entiendo mucho, pero igual ellos solos se apañaban mejor.

Hoy es el cumpleaños de mi suegra y hemos de ir a felicitarla mi marido y yo. Mi marido es alto, guapo, moreno, una bestia parda y frutero. Pienso que no me quiere, creo que me ve, pero estoy completamente segura de que no me mira. El acostumbra a dormir la siesta y me ha encargado que le despierte a eso de las seis. Sé que cuando le llame he de tomar precauciones, pues más de una vez me ha lanzado un zapato gritando «Ya esta la mujer de la hostia tocando los cojones. Déjame dormir.» Y entonces sí que yo me quedo en la nada, cierro la puerta , y ahí,  como una pava colgada en el vacío me miro la punta de los pies.

Hello world!

1 Mar

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